Cada día disfruto más con la lectura. Escucho con sosiego y atención a grandes artistas, de hoy y de otros tiempos, de mi tierra y de otros sitios, ¡me hablan! ¿no es extraordinario?. Voy siendo cada vez más lector y menos leedor, siguiendo a Pedro Salinas cuando establece las diferencias entre uno y otro.
De pequeño me enseñaron en el colegio a ser leedor. Reproduciendo torpemente palabras y malentonando frases que no entendía, transcurrieron los primeros años de un duro y lento, pero necesario, aprendizaje Con el tiempo, cuando empecé a ir comprendiendo y asimilando (digiriendo) lo que leía, me empezaron a gustar los tebeos -El Capitán Trueno, El Jabato, El Guerrero del Antifaz, Johnny Comando, Roberto Alcazar y Pedrín, TBO- primero y algunos, pocos, libros de aventuras -Salgari, Julio Verne- después. Comencé a convertirme de este modo, poco a poco, en un lector.
Ese gusto por la lectura fue creciendo en mí, ya fuera la de entretenimiento como la que debía hacer por obligación. De lo que comprendía y me gustaba, aunque a veces requiriera esfuerzo por mi parte, fui siendo lector. Del resto, de lo que tenía que leer, sin comprenderlo o por fuerza o por necesidad, fui siendo leedor. Y he empleado muchas horas de mi vida en esta última tarea.
Por suerte, ahora tengo tiempo y condiciones para ser más lector que leedor. Y sigo aprendiendo a leer, especialmente literatura. Y estoy descubriendo y gozando con obras de clásicos, a los que conocía por sus suscintas biografías, las listas de sus obras y la escuela a que pertenecían, pero a los que no había -por desgracia- leído. No tuve la suerte de leer literatura en las clases a las que debí asistir con ese nombre, guiado por profesores que fomentaran en mí el placer de la lectura. Los comentarios de texto que conocí en la segunda enseñanza sólo los sufrí al enfrentarme a ellos como malditos e incomprensibles enemigos en los temidos exámenes finales. Sin embargo, a pesar de todo y sin saber muy bien porqué, fue gustándome cada vez más la lectura.
Creo que hoy día se le presta una poquita más de atención que en mis tiempos de juventud, por parte de los poderes públicos, a la enseñanza de literatura, es decir, a enseñar a leer. Pero ni mucho menos la suficiente. Eso se desprende de los tan traídos y llevados informes PISA, en los que aparecen nuestros jóvenes retrasados en comprensión lectora, es decir, son más leedores que lectores. Y la lectura, como nos decía Lázaro Carreter, es necesaria en una sociedad plenamente libre y democrática.
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