Los tiempos han cambiado, como suele decirse a partir de cierta edad, ¡y a qué velocidad!; todo fluye, nada permanece. Sin embargo, ocurre a menudo que objetos conocidos o situaciones ya vividas nos dan la vuelta y por vericuetos insospechados, se nos sitúan de nuevo ante nuestras narices mostrándonos, de forma diferente, la misma "realidad". Paradójicamente, nos encontramos ante "lo mismo", si bien en contextos radicalmente distintos.
Pues bien, el otro día "navegando" por la red me encontré, de nuevo, con una vieja compañera de mi infancia y juventud: la pizarra. Siempre formó parte de mi mundo educativo: nos explicaban las lecciones en la pizarra; teníamos que demostrar nuestros conocimientos y habilidades en la pizarra; nos castigaban si figurábamos en la lista de la pizarra. Las nuevas tecnologías, internet, como decía, me ha colocado de nuevo ante la pizarra.
A un joven profesor americano se le ha ocurrido la brillante idea de usar algunas de las enormes posibilidades de las tecnologías de la información y de las comunicaciones (tic) para aplicarlas a la educación como si de una pizarra se tratara. Pero una pizarra con poderes casi mágicos: al alcance de cualquier humano que se encuentre en cualquier parte para aprender lo que enseñe un profesor que esté en cualquier sitio. Y para ello creó la Fundación Khan Academy , institución de prestigio creciente, en la que puedes encontrar lecciones de, cada día, más materias: física, química, matemáticas, historia, economía, etc. Todo, hasta ahora, en inglés. Sólo hacen falta iniciativas que hagan posible que este invento funcione en castellano (algunas hay, pero por desgracia muy limitadas todavía).
Una gran innovación, un gran invento.
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