martes, 4 de mayo de 2010

cultura financiera

Hace años nos decía el profesor Sampedro que no entendía cómo a un bachiller se le enseñaban cosas como -perdón a los geólogos- la calcopirita y no se les hablaba, ni por asomo, de un cheque, de un crédito o de una cuenta corriente. A lo largo de su vida, sin embargo, tendría que lidiar más con éstos conceptos que con aquél casi con toda seguridad.
La situación no se ha enmendado demasiado. Sólo hay que asomarse a los medios de comunicación cada día para oír o leer interpretaciones sobre asuntos financieros -y económicos en general- bastante asombrosas. Ello tiene, sin duda, importantes repercusiones negativas en el comportamiento y actitudes de la gente. Y, en definitiva, afecta de alguna manera al bienestar.
Bienvenidas sean iniciativas como la reciente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores y el Banco de España de poner al servicio del ciudadano el portal www.finanzasparatodos.es para favorecer una mayor cultura financiera.

martes, 20 de abril de 2010

No debería terminar mal

Hoy tenemos una democracia asentada, con problemas como es lógico, pero asentada; sin embargo, hay quienes se empeñan en despertar del sueño a nuestros demonios. No deberíamos dejarnos seducir por esas voces, porque ¿qué alternativa ofrecen?. Nos enfrentamos a retos difíciles, en parte nuevos. Debemos tener confianza en nuestras capacidades para superarlos.
Me he acordado de lo que nos decía, en plena dictadura, nuestro gran poeta Jaime Gil de Biedma:
¿Y qué decir de nuestra madre España,
este país de todos los demonios
en donde el mal gobierno, la pobreza
no son, sin más, pobreza y mal gobierno,
sino un estado místico del hombre,
la absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
la más triste sin duda es la de España
porque termina mal. Como si el hombre,
harto ya de luchar con sus demonios,
decidiese encargarles el gobierno
y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno,
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo he pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
distinta y menos simple, en otra España
en donde sí que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
es un vulgar negocio de los hombres
y no una metafísica, que España
puede y debe salir de la pobreza,
que es tiempo aún para cambiar su historia
antes que se la lleven los demonios.

Quiero creer que no hay tales demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
los empresarios de la falsa historia.
Son ellos quienes han vendido al hombre,
los que le han vertido a la pobreza
y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea el hombre el dueño de su historia.

miércoles, 14 de abril de 2010

Paz, piedad y perdón

Acostumbro a leer de vez en cuando algún capítulo de El Quijote, libro sabio y ameno. Ayer, en el parque de El Alamillo, entre el olor del azahar, las vocecillas lejanas de niños jugando y el trino de los pájaros, leía en el capítulo IX
"(...) habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales, verdaderos y no nada apasionados, y que ni el interés ni el miedo, el rencor ni la afición, no les hagan torcer del camino de la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir."
Hoy, aniversario de la proclamación de la república, y a propósito de lo que se escucha y lee en los medios de comunicación, no es mal día para recordar las palabras pronunciadas por el presidente Azaña en su último discurso en Barcelona, en plena guerra civil, antes de salir de España para siempre:
"Es obligación moral, sobre todo de los que padecen la guerra, cuando se acabe como nosotros queremos que acabe, sacar de la lección y de la musa del escarmiento el mayor bien posible, y cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que se acordarán, si alguna vez sienten que les hierve la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelve a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres, que han caído embravecidos en la batalla luchando magnánimamente por un ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, Piedad y Perdón."

lunes, 22 de marzo de 2010

Incentivos

El otro día, empujando el carrito de la compra en el supermercado, reparé en la moneda que acababa de poner en la ranura y en que, una vez descargado su contenido, volvería a colocar el carrito junto a otros en el sitio adecuado. No era la primera vez que admiraba al inventor (desconozco su identidad) de un procedimiento tan simple y a la vez tan inteligente. Sin duda, habrá estudiado las diversas fórmulas que pudieran impedir el desbarajuste sistemático de carros vacíos por toda la zona de aparcamiento. Y ha encontrado que usando un incentivo, que mueve o excita a desear o hacer algo, queda resuelto el problema. Con dejar prisionera una simple moneda de 0,5€ o de 1€ al tomar el carro, el deseo de recuperarla hará posible que el cliente lo deposite en su sitio. Como se ha podido comprobar en la práctica, ha sido una forma extraordinaria de manejar o administrar un incentivo.
Algo aparentemente tan trivial tiene, sin embargo, mucha importancia en el comportamiento humano, especialmente en lo económico. Un diseño correcto de incentivos es clave para el buen funcionamiento de una empresa, de un sector o de una economía; y uno incorrecto crea distorsiones y problemas que pueden llegar a ser muy graves, como estamos padeciendo en la actual crisis financiera. La falta de incentivos, por otro lado, lleva a la inactividad, a la monotonía y a la falta de empuje y de interés en hacer las cosas. La antigüa URSS se desmoronó porque, entre otras cosas, era una sociedad en la que se habían suprimido casi por completo los incentivos.

domingo, 21 de febrero de 2010

El nombre de las cosas

Aguardiente, con esta palabra está todo dicho para una bebida tan fuerte y con tantas y tan diversas connotaciones. En mi pueblo se le llama puchero a la mezcla con agua; y en la cuenca minera de Riotinto y en Huelva, mangüara, dicen que por el sonido que apreciaban los del pueblo a los ingleses cuando pronunciaban las palabras man y water para referirse a lo que bebían los mineros antes de bajar a las entrañas de la tierra (como diría Juan Cobos).
Al primer hospital moderno que se construyó en Huelva se le conocía (porque ya ha desaparecido) como El Agromán, por el nombre de la empresa constructora que lo edificó. Algo parecido, tomar la marca de un cacharro por el nombre del propio artilugio, nos pasó en toda España con la turmix para designar a una batidora. Y le está pasando hoy al i-pod para referirnos a los reproductores de mp3.

miércoles, 17 de febrero de 2010

La cultura y el mal

Un amigo me recomendó ir a ver la película La cinta blanca en la que se aprecia con bastante claridad la deriva cultural de la sociedad alemana de principios del siglo pasado hacia el nazismo. Y, efectivamente, me pareció una magnífica película que, además, se adentraba en un enigma del que aún no tenemos una explicación completa. ¿Cómo pudo convertirse la sociedad con mayor nivel cultural del mundo en autora o encubridora de tan espantoso crimen?.
En la Introducción de El misterioso caso alemán Rosa Sala Rose nos dice:
"De la vida privada de Friedrich Wilhelm Ruppert se saben muy pocas cosas. Su esposa siempre afirmó que había sido un buen padre de familia y un buen marido. Una fotografía nos lo muestra en la playa con sus hijos, y otra sosteniendo en brazos a un cervatillo herido que ha encontrado en el bosque y al que, según asegura su mujer, pensaba curar y criar en su propio jardín. Hay otra que nos parece especialmente reveladora, en la que aparece tocando el violín junto al árbol de Navidad, rodeado de sus cuatro embelesados hijos. Si Ruppert, además de amar a la familia y a los animales, tocaba un instrumento tan difícil como el violín, debemos suponer que tenía una buena formación musical. Todo apunta a que era un hombre culto que había disfrutado de la extraordinaria formación humanística que proporcionaba en su tiempo el sistema educativo alemán. Sin duda, como tantos otros compatriotas de su época, conocía y amaba a Mozart, Schubert y Beethoven, a quienes probablemente escuchara cuando volvía a casa desde su lugar de trabajo.
Como trabajador, Ruppert no sólo demostró ser un empleado fiel a la autoridad y dotado de un acusado sentido del deber, sino que superaba estas cualidades aportándoles, por iniciativa propia, ciertas dosis de creatividad e inventiva. De servicio en el campo de Dachau, por ejemplo, tuvo la ocurrencia de empapar con gasolina la barba de un prisionero recién ingresado y prenderle fuego con un encendedor. También golpeó a un profesor llamado Feierabend, que a la sazón contaba con ochenta años de edad, por haber vulnerado las normas del campo al caerse mientras pasaba revista. Es de suponer que, en los diez años de carrera, premiada con continuos ascensos, que Friedrich Wilhelm Ruppert pasó en diversos campos de concentración, debió de demostrar su celo en otros muchos casos similares de los que ya no podemos tener constancia. El 2 de noviembre de 1945, Friedrich Wilhelm Ruppert fue condenado a muerte en el proceso de Dachau y ejecutado poco depués. Las fotografías de las que hablábamos en el párrafo anterior fueron aportadas por su esposa en su descargo."
La cultura ¿nos hace mejores?.

miércoles, 27 de enero de 2010

Tiempo de silencio

¡Cómo pasa el tiempo! Hace pocos días se cumplieron nada menos que cuarenta y seis años de tu inesperada y prematura muerte, cuando aún vivíamos en aquel tiempo de silencio. Te he recordado en estos días y te he leído. He recordado al leerte desagradables ambientes y experiencias que sufrieron, también, todavía, los más jóvenes que tú:
"Tras del pasillo, por un momento, se atravesaba un patio lleno de automóviles y de inmóviles chóferes con cazadoras de cuero que miraban sin ver. Tras el que una nueva boca, ya más próxima a las fauces definitivas, engullía con poderoso sorbo las almas trémulas de los descendentes (...) Allí efectivamente se procede al desguace de cada pieza individual recién cobrada, privándole de su carga de metales preciosos, plumas estilográficas, corbatas, tirantes, cinturones, gafas y cualesquiera otros objetos aptos para el suicidio, con lo que los desprovistos individuos de casta intelectual quedaban especialmente disminuidos, sujetándose los pantalones con las manos, sintiendo frío en la parte del cuello (...) La celda es más bien pequeña (...) Dos metros cincuenta de altura hasta la parte más alta de la semicúpula; un metro diez desde la puerta hasta la pared opuesta; un metro sesenta en sentido perpendicular al vector anteriormente medido. Dadas estas dimensiones, un hombre de envergadura normal sólo puede estirar a la vez los dos brazos -sin tropezar con materia opaca- en el sentido de las diagonales. (...) La luz es eterna. No se apaga ni de día ni de noche. (...)
-¿Por quién pregunta?
-No. No se puede.
-¿Usted qué es de él?
-No. No puedo decirla nada.
-¿Usted qué es de él?
(...)
-Todos están incomunicados las setenta y dos horas.
-Sí, las setenta y dos horas."
Pocos años después de tu desaparición pude escuchar, en la facultad donde estudié, a tu colega Carlos Castilla del Pino, fascinante orador con entrañable acento andaluz.
El Madrid que nos tocó vivir era ya algo más alegre, más abierto y amplio que el tuyo.
Y empezamos poco después a vivir una etapa fascinante a la que hoy se le llama -entonces no lo sabíamos- transición. Hay quien dice, haciendo juegos con la historia, que si aquel maldito adelantamiento lo hubieras sorteado sin choque, Felipe -ya jubilado- hubiera sido Luís. ¿Quién lo sabe? Aquel gran depósito de energía y juventud en ebullición logró que muchas cosas cambiaran a mejor. Otras, el submundo de las chabolas, la atención a la ciencia, el poder de las sotanas, los toros, algún que otro filósofo predicador, siguen ... más o menos, por aquello que tan bien analizaste del factor humano y de la fuerza de los tópicos.
Tu novela, tu gran novela, tu universal novela, se convirtió en un clásico.
(en memoria de Luis Martín-Santos)

Datos personales

Mi foto
Nací en Valverde del Camino (Huelva) en diciembre de 1948. A los 17 años me fuí a estudiar a Madrid, donde viví hasta los 30. Me trasladé a Huelva y luego, con un intermedio de algún tiempo en Granada, a Sevilla, donde vivo ahora. ¿Desconcertado? Por la desorientación y perplejidad que me producen situaciones que he conocido o vivido, por comprobar que casi siempre la realidad supera a la ficción."En los blogs se busca el relato en primera persona, que es en torno a lo que pivota el sistema informativo de Internet".Me gustó esta frase y la suscribo.