lunes, 15 de febrero de 2021

Diputado por Valverde ha de salir...


 (apunte histórico a unas coplillas)

 escrito en noviembre de 1998


De manera casual, hace unos meses, leyendo un libro de historia política, me encontré con el nombre de Barriobero, célebre personalidad muy cantada en mi pueblo en coplas antiguas, del que, sin embargo, apenas nada conocía. Inmediatamente recordé vivencias de mi juventud, los buenos ratos pasados en los que cantábamos a coro aquellas coplas. Me picó el gusanillo de la curiosidad, y empecé a atar cabos que pudieran situar en la historia los hechos que referían aquellas coplillas con aires de cuplé, generalmente atribuidas por mis paisanos a José Manuel Ramos Rivera apodado “Pelachingo”. Por su edad e ingenio es posible que así sea, si bien determinadas incorrecciones en algunos de los nombres y apellidos que en ellas aparecen, tanto en las letras que se cantaban como en las escritas en algunas publicaciones, hacen pensar en la posibilidad de otra autoría, con certeza, yo no lo sé. Mis averiguaciones, sin embargo, han estado orientadas a identificar las personas y los hechos, el contexto, que se mencionan en la letra, más que a la copla en sí. El resultado de las indagaciones que he realizado es lo que pretendo reflejar en estas líneas.

Recuerdos de juventud

Tendría yo dieciséis años a mediados de la década de los sesenta, cuando le escuché por primera vez al amigo Benedicto, acompañado con arte y gracia por sus platillos, unas coplas que decían cosas no corrientes entonces. No debíamos cantarlas –se preocupaban de decirnos nuestros mayores- porque eran de republicanos; hablaban de política y partidos políticos, de elecciones y votos, cosas todas ellas malas en aquellos tiempos de dictadura, cuando a la de Franco, a pesar de haber cumplido treinta años, aún le quedaban otros diez largos de vida.

Aquel régimen no admitía nuestra historia auténtica, especialmente la reciente. Como si sólo hubieran existido gestas gloriosas y personajes insignes de la historia oficial que se enseñaba. La democracia parlamentaria era algo ajeno a los españoles, así como los partidos políticos, las elecciones y los sindicatos. Sencillamente, se pretendió borrar de la historia los años y siglos que hiciera falta, y, lo que fue peor, las personas que no encajaban en aquel escenario.

A nosotros, jóvenes ajenos a todo lo que no fuera diversión, nos resultaban graciosas aquellas coplas y, seguramente, también movidos por el morbo de rozar lo prohibido, las cantábamos cuando surgía la ocasión, que solía ser estando de copas con los amigos, antes o después de las habaneras. La experiencia, con más o menos detalles, es común para muchos valverdeños de mi generación y anteriores generaciones.

Las coplillas

No garantizo la autenticidad o la integridad del texto; me limito a reflejar el que, más mal que bien, retengo en la memoria. Es como sigue:

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I
El Partido Liberal se desatina 

porque quiere que votemos a Limón,

y nos pone por delante una cortina

y a nosotros nos está chico un telón.


II
Los doctores que trabajan por la higiene

recomiendan por primera medicina

ventilar bien todas las habitaciones,

evitando que se corran las cortinas.

III
Ni Cortina, ni Limón, ni Fiscowich,

ni Rebollo, ni Tesifonte Gallego,

diputado por Valverde ha de salir

quien defiende los derechos del obrero.

ESTRIBILLO

Valverdeño, valverdeño,

Hay que convencerse así:

Hay que decirle a Limón que NO,

y a Barriobero SI.

En la última etapa de la Restauración

Debe estar relacionada la letra de las coplillas con las elecciones generales que se celebraron en España el 24 de febrero de 1918, en las que Barriobero consiguió ser elegido, por primera vez, diputado por el distrito electoral de Valverde del Camino. Volvería a serlo por segunda vez al año siguiente, en 1919. Han transcurrido ochenta años desde entonces. Afortunadamente, una serie de jóvenes historiadores de gran valía están trabajando en la interpretación de una época histórica, la Restauración, que en gran parte determinó nuestro presente. En cierto modo se está descorriendo el gran velo que significó la Dictadura de Franco, se está superando, en este terreno también, nuestra dramática guerra civil. Entre esos trabajos y en referencia a la provincia de Huelva, destaca la labor realizada por María Antonia Peña Guerrero. A ella le debo el marco interpretativo que da soporte a este artículo, además de muchas de las referencias.

Reinaba Alfonso XIII y el régimen de la Restauración –cuyo principal valedor, Cánovas del Castillo, hacía ya veinte años que había sido asesinado (1897)- presentaba claros signos de descomposición. Es opinión compartida, por los historiadores más solventes, que el régimen canovista, si bien proporcionó un largo periodo de estabilidad política en el marco de una monarquía parlamentaria (los cincuenta años comprendidos entre el último cuarto del siglo XIX y el primero del XX), dejó a la vez huellas negativas cuya superación necesitó de muchos esfuerzos y sacrificios. Algunas de ellas, por cierto, hoy están en trance de reverdecer.

Los mentores de aquel régimen, personas sin duda de gran capacidad e inteligencia, admiradores del parlamentarismo inglés, tenían no obstante una concepción de la sociedad española profundamente conservadora y negativa. La Constitución de 1876, norma fundamental durante todo el periodo, si bien

establecía la monarquía parlamentaria como estructura idónea de poder, le asignaba al rey prerrogativas que lo situaban, de hecho, por encima del Parlamento. Se trataba ciertamente de un régimen democrático, homologable a los existentes en Europa, pero con grandes limitaciones: el sistema electoral restringía enormemente el derecho al voto; los partidos políticos ajenos al turno, es decir, los que representaban a las clases sociales entonces emergentes, republicanos y socialistas, a duras penas encontraban espacio legal donde ejercer sus derechos. Sólo conservadores y liberales, representantes privilegiados de la oligarquía, en una especie de pacto no escrito que debía cumplirse con toda precisión, accedían alternativamente al poder. La corruptela electoral, mediante la cual el partido del turno que había recibido encargo del rey de formar gobierno, se fabricaba la correspondiente mayoría en el Parlamento, terminó por convertir la alternancia política en una caricatura.

Un sistema electoral en crisis

El sistema electoral vigente en 1918 no era comparable al actual. Por citar las diferencias más significativas: El censo era extraordinariamente reducido, ya que el sufragio no era tan universal como daba a entender su nombre, excluía a todas las mujeres y a los menores de 25 años, entre otros; la circunscripción electoral también era diferente a la de hoy, pues la mayoría de los diputados se elegían en distritos uninominales, sólo podía resultar elegido un diputado, lo que favorecía el caciquismo y dificultaba la elección de las minorías.

El gobierno que convocó las elecciones de 1918 no fue uno más del sistema. La situación política y social había llegado a tal deterioro que el rey se vio obligado a encargar la formación de un gobierno de concentración, en el que estuvieran representados, no sólo conservadores y liberales, sino también las distintas facciones que se habían formado dentro de ellos, así como los representantes de la oligarquía catalana. García Prieto, liberal, lo suficientemente débil como para no levantar una cerrada oposición en el colectivo protagonista de la alternancia, fue el encargado de formar un gobierno con personajes de segunda fila, en el que estaban representados todos los grupos liberales (garcíaprietistas, romanonistas, albistas), conservadores (datistas, mauristas, ciervistas) y los regionalistas y autonomistas- independentistas catalanes integrados en el sistema seguidores de Cambó; Alcalá Zamora, quien más tarde sería Presidente de la República, liberal entonces, ocupó la cartera de Fomento, donde Tesifonte Gallego (algunos en mi pueblo, al cantar la copla, decían equivocadamente “el Pontífice Gallego”) desempeñó una Dirección General. En Gobernación, ministerio encargado de fabricar las mayorías parlamentarias, se situó a un magistrado, en un intento de darle mayor autenticidad a estas elecciones.

Fueron estas elecciones, por lo tanto, algo más puras de lo acostumbrado, precisamente por ser más neutrales al menos en cuanto al comportamiento del gobierno en el proceso. Disminuyó el número de candidatos proclamados por aplicación del artículo 29 de la Ley Electoral de 1907 vigente, según el cual cuando en un distrito uninominal (la mayoría de ellos, donde sólo resultaba elegido un diputado) o en una circunscripción (donde se elegían entre tres y ocho diputados, según su tamaño) no se presentaban más candidatos que el número de puestos a cubrir, los candidatos únicos, de manera automática, quedaban proclamados diputados sin necesidad de ser votados, con lo que una parte considerable del electorado quedaba privada en la práctica del derecho al voto.

En esta ocasión sólo resultaron proclamados diputados sesenta y un candidatos por el procedimiento descrito, con lo que quedaron privados del derecho al voto nada menos que el 11,3 por ciento de los electores. En las elecciones inmediatamente anteriores, en 1916, los candidatos proclamados por el procedimiento del mencionado artículo 29 fueron ciento cuarenta y cinco, uno de ellos Limón por el distrito de Valverde, y los electores privados del voto supusieron el 35,7 por ciento.

En Valverde ocurrió la novedad: un diputado no perteneciente al turno

La provincia de Huelva tenía entonces, como hoy, derecho a elegir cinco diputados, pero a diferencia de lo establecido en el actual sistema electoral no constituía una sola circunscripción, sino tres: Huelva (la “circunscripción”, formada por los censados en la capital de la provincia y en 32 municipios de la Costa y el Condado) que elegía a tres diputados, el “distrito” de Aracena (municipios de la Sierra) que elegía a un diputado, y el de Valverde del Camino (Andévalo y pueblos mineros) que elegía a un diputado. Por ello, tenía pleno sentido decir “diputado por Valverde” en la copla, en referencia no ya al pueblo de Valverde, sino al distrito electoral del mismo nombre.

Por la “circunscripción” de Huelva fueron elegidos en 1918: Manuel Rebollo Orta, conservador, con 14.309 votos; Antonio de Mora Claros, conservador, con 14.050 votos; y José Limón Caballero, liberal, con 9.397 votos. Los otros dos candidatos, ambos liberales, fueron derrotados, al obtener José Tejero Gómez- Vizcaíno 9.047 votos y Guillermo Moreno Calvo 8.884 votos. Estos últimos trasladarían al Congreso de los Diputados, entonces órgano encargado de dictaminar sobre las reclamaciones electorales, sus recursos por “manipulaciones” electorales atribuidas al jefe provincial de los conservadores, el moguereño Burgos y Mazo, sin efectos prácticos sobre los resultados de la votación.

Por el “distrito” de Aracena resultó elegido Francisco Javier Sánchez-Dalp y Calonge (marqués de Aracena), conservador, con 11.071 votos. El candidato derrotado, Cándido Romero Martín, liberal (¿?), sólo obtuvo 371 votos. No hubo reclamaciones.

En el “distrito” de Valverde ocurrió la novedad: fue candidato y resultó elegido el representante nacional de un partido político ajeno al turno y minoritario, el Partido Democrático Republicano Federal. En efecto, consiguió el acta de diputado Eduardo Barriobero Herrán con 6.869 votos. El candidato liberal, Juan Gómez-Acebo y Molet, con 4.309 votos, fue derrotado. Varios sin especificar recibieron 6 votos y en blanco 31 votos.

Al comparar el número de votos que cuesta un diputado hoy (alrededor de 45.000 el más barato en las elecciones de 1996 para la provincia de Huelva) con el que se necesitaba entonces, se verá que habrá de multiplicarse por un número mucho mayor que el dos, que es lo que ha crecido desde entonces la población española. Es curioso también observar cómo un diputado por la “circunscripción” de Huelva (la zona más poblada de la provincia) necesitaba más votos que en los “distritos” (territorios con menos población). Paradójicamente, el sistema electoral que primaba la representación de los núcleos rurales en detrimento de los urbanos por considerar que en estos se situaban las mayores concentraciones de obreros, en el caso de Valverde operó a favor de lo que se pretendía evitar.

Un marketing electoral singular

Lo más probable es que la coplilla tuviese relación con la campaña electoral que llevó a estos resultados. Debió formar parte del marketing electoral de la minoría republicana. Jesús Ramirez Copeiro, en su trabajadísimo libro Valverde a través de la fotografía (1840-1940) comenta la foto de la página 124, del año 1925, e identifica en ella, atribuyéndoles la condición de miembros del Partido Republicano Federal a: Alejandro Calero Bermejo (zapatero), Andrés Valero Arrayás (sastre), Diego Canto Mantero “Corcha” (zapatero), Diego Fernández Parreño “Mateo” (impresor), Manuel Calero Bermejo (zapatero), Marco Doblado Bermejo “Paino” (zapatero), Francisco Parreño López “Mamá” (zapatero), Luís Benito Romero (abastecedor de buques en Huelva) y José Bermejo Castilla “Reco” (campanillero). Seguramente algunos de ellos si no todos, siete años antes de la fecha de la fotografía, tuvieron participación activa en la campaña electoral que comentamos. Sea como fuere, el testimonio fotográfico nos da una idea del perfil del militante o simpatizante del partido político del que era dirigente destacado Barriobero.

Los votantes de la provincia de Huelva, con una “circunscripción” y dos “distritos” electorales, eligieron en esta ocasión a tres diputados conservadores, a un liberal y a un republicano federal, según hemos visto. Tal variedad política en tan corto número de diputados, incluyendo un representante de la minoría republicana, considerada en aquella época como extrema izquierda, debió ser una auténtica revolución.

Hay que señalar, sin embargo, que los resultados provinciales fueron de signo contrario a los nacionales: mientras en España ganaron las elecciones los liberales, en Huelva fueron los conservadores los vencedores. El Partido Liberal obtuvo 167 escaños, mientras que los conservadores sólo consiguieron 155; 32 escaños fueron para regionalistas y nacionalistas, 15 para los republicanos, 8 para reformistas y 6 para los socialistas.

El salto de éstos últimos fue una novedad, pues sólo un socialista (obrero) había sido diputado hasta entonces en aquel Parlamento, Pablo Iglesias (consiguió ser diputado en 1910). En esta ocasión la representación socialista integraba a los miembros del Comité de Huelga del año 1917, que cumplían condena en el penal de Cartagena: Largo Caballero, Julian Besteiro, Anguiano y Saborit; a Pablo Iglesias y al entonces joven Indalecio Prieto que se revelaría como gran parlamentario en esta legislatura.

Los personajes de la copla

José Limón Caballero, conocido en Valverde como el diputado sin más, pertenecía al Partido Liberal y, dentro del mismo, era dirigente provincial de la facción romanonista (capitaneada por el Conde de Romanones), una de las tres en la que estaba dividido. No debe interpretarse la pertenencia a un partido político como la haríamos hoy. En aquel tiempo los partidos eran grupos clientelares basados en la influencia personal del jefe, mas que en compromisos ideológicos asentados en una militancia activa.

Había sido ya Limón diputado por Valverde en cuatro ocasiones, la primera vez en 1898, año en que accedió a las Cortes al heredar la jefatura política de su padre, Francisco Limón Rebollo. Ocupó en aquella ocasión un sillón de Secretario en la Sesión Regia de Apertura de Las Cortes, posiblemente por ser uno de los diputados de menor edad. Fue también diputado por Valverde en 1899, en 1901 y en 1916. Y lo fue por Huelva en 1903, en 1905 y en 1907. En esta ocasión – elecciones de 1918- Limón no se presentó por Valverde, sino por Huelva, donde resultó elegido por octava vez en su ya dilatada carrera política. A mi modo de ver, el hecho de no presentarse por Valverde explica aquello de la cortina, pues se trataba, para el votante del distrito, de optar a la elección de alguien distinto a Limón, Juan Gómez-Acebo (pariente -¿hijo?- del Marqués de Cortina) pero de su misma cuerda. Andando el tiempo, Limón volvería a ser elegido diputado tres veces más por Huelva, además de desempeñar otros cargos políticos. Aunque no es el momento, me gustaría dejar apuntado que la figura de José Limón Caballero, valverdeño de adopción, político de primer orden durante una etapa dilatada y trascendental de nuestra historia, bien merece un esfuerzo de investigación al que prometo aportar mi granito de arena.

Tesifonte Gallego García era liberal. Había sido diputado cunero por Valverde en 1905. En estas elecciones concurrió y fue elegido diputado por Hellín (Albacete). Desempeñaba en este periodo el cargo de Director General de Agricultura, Industria y Comercio, del Ministerio de Fomento, entonces compatible con ser diputado. Periodista de profesión, murió en ésta legislatura, en el año 1918.

Florencio Fiscowich y Díaz de Antoñana, también liberal como los anteriores, había sido ya diputado cunero por Valverde en 1919.

Manuel Rebollo Orta, conservador, natural de Huelva. Había sido diputado por Valverde en 1914, volvió a serlo por Huelva en 1916 y, como hemos visto, resultó elegido en estas elecciones de 1918. Fue senador en 1919 y en 1921. Era una de las personas más influyentes entre los conservadores onubenses.

Eduardo Barriobero Herrán, abogado, nacido en el pueblecito riojano de Torrecilla de Cameros en 1875. Tenía 43 años cuando concurrió a las elecciones para diputado por el distrito de Valverde. No era un novato, había sido elegido diputado por Madrid, donde residía, en 1913. Activista político desde su juventud, seguidor de Pi y Margall, escritor y traductor prolífico, llegó a ser máximo responsable del minoritario Partido Republicano Federal, muy ligado a la vertiente anarquista del movimiento obrero español. Vino a Valverde -atraído por las posibilidades electorales de los núcleos mineros, especialmente el de Riotinto, incluidos en este distrito electoral- precedido de una cierta fama como “defensor de los derechos del obrero” (según reza la copla), al haber actuado como abogado de algunos inculpados en los procesos penales desencadenados por la huelga de 1917. Fue diputado cunero por Valverde en 1918 y volvería a serlo en 1919. Seria de nuevo diputado, por Oviedo, en 1931, en la primera legislatura de la Segunda República.

Barriobero, en sintonía con una concepción anarquista de la sociedad y de la política, escribía en 1916: “Nuestros problemas nacionales no son de los que no tienen solución posible (...). Por el contrario, tienen soluciones facilísimas, que están al alcance de todas las inteligencias; pero no de todas las actividades, pues la esfera de acción de nuestros políticos, de nuestros comerciantes, de nuestros industriales y aún de nuestros artistas está circunscrita y comprimida por las murallas seculares, contra las que nada pueden todavía los aeroplanos de la imaginación ni los arietes de la inteligencia.”.

Azaña, que tenía una pésima opinión del personaje, hasta el punto de negarle su firma como Presidente de la República al Ministro de Justicia al proponerlo como Fiscal General en 1936, dice en sus Diarios: “El tal Barriobero ha sido siempre así. Turbio y turbulento, abogado de malas causas, nutriéndose de los delitos ajenos, con un pie en los centros sindicalistas y revolucionarios y otro en la Dirección de Seguridad o en Gobernación. Delator, según cuentan. Por supuesto, federal. Dirigía una de las tres ramas en que últimamente se había dividido el federalismo, que estando reunido, no representaba nada, más bien, representaba una tendencia a lo maniático. Era uno de los republicanos indeseables, merodeadores, descrédito y deshonra de la política a quienes me propuse anular el año pasado.”. Esta dura confidencia la escribe Azaña en 1937, refiriéndose a los preparativos de las listas electorales del Frente Popular para las elecciones de 1936.

BIBLIOGRAFÍA

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  • -  Historia moderna y contemporánea de la provincia de Huelva en los siglos XIX y XX. Diputación de Huelva, 1995.

  • -  “Los fundamentos del sistema político de la Restauración en Andalucía” y “La evolución del sistema político” con María Sierra Alonso, en Historia de Andalucía Contemporánea, Leandro Álvarez Rey y Encarnación Lemus López (eds.). Universidad de Huelva, 1998.

    Ramirez Copeiro del Villar, Jesús: Valverde a través de la fotografía (1840-1940). Edición del autor. Huelva, 1987.
    Suárez Cortina, Manuel: 
    La Restauración, entre el liberalismo y la democracia. Alianza. Madrid, 1997.

    Tusell Gómez, Xavier: La España del siglo XX. Desde Alfonso XIII a la muerte de Carrero Blanco. Dopesa. Barcelona, 1975.
    La política y los políticos en tiempos de Alfonso XIII. Planeta. Barcelona, 1976.

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Datos personales

Mi foto
Nací en Valverde del Camino (Huelva) en diciembre de 1948. A los 17 años me fuí a estudiar a Madrid, donde viví hasta los 30. Me trasladé a Huelva y luego, con un intermedio de algún tiempo en Granada, a Sevilla, donde vivo ahora. ¿Desconcertado? Por la desorientación y perplejidad que me producen situaciones que he conocido o vivido, por comprobar que casi siempre la realidad supera a la ficción."En los blogs se busca el relato en primera persona, que es en torno a lo que pivota el sistema informativo de Internet".Me gustó esta frase y la suscribo.