jueves, 2 de julio de 2009

Gonzalo y Antonio

Me enteré el otro día que El Libro de España no fue una idea original española, sino -como otras muchas cosas tan nuestras- copia de algo que se hizo en Francia allá por 1870. Con el afán de nacionalizar a los niños franceses a través de la educación, fue de obligada lectura en todas las escuelas un libro titulado, en traducción española, La Vuelta a Francia (como el Tour ciclista), cuyo argumento consistía en las aventuras de dos hermanitos huérfanos a través de todo el país.
A nosotros nos tocó aprender a leer con nuestros amigos Gonzalo y Antonio. Y con ellos recorrimos una España suficientemente modificada ya por el régimen de Franco. Aunque el libro original es de los años veinte del siglo pasado, el franquismo se encargó de arreglar la realidad y por lo tanto la historia de nuestro país a su conveniencia. El Pasiego y otros personajes y lugares quedaron ya en nuestro imaginario para siempre.

lunes, 22 de junio de 2009

Nuevos Diplodocus

Nos invaden. Están por todas partes. Han proliferado como moscas. Con cuatro hermosas ruedas; a veces, cuando tienen que sostener parados por algún tiempo a sus jinetes, con otros apoyos suplementarios garantizan la estabilidad. Más ágiles y silenciosos los modernos, ruidosos y algo torpes los que ya cumplieron algunos años. Alargan y encogen el cuello en el momento, con gran facilidad y a conveniencia, hacia un lado y hacia otro. No hay albañil, o pintor, o ponedor de velas, o quienquiera que tenga su tarea en lo alto, que no se encarame y desde allí lo manipule. Aparecen en medio de la calle en hora de trabajo. O apartados y vallados, con los útiles arriba para evitar el hurto, en los tiempos de descanso. Definitivamente, les han ganado la batalla a los andamios: son los nuevos diplodocus.

domingo, 19 de abril de 2009

Las pensiones y el Banco de España

Me ha resultado sorprendente comparar la reacción en/de los medios de comunicación de determinados personajes públicos o mediáticos, por la reciente intervención del gobernador del Banco de España ante la comisión del Congreso de los Diputados encargada del seguimiento del sistema público de pensiones, con una lectura directa de la misma. Cualquiera que no la haya leído o escuchado creerá que Miguel Ángel Fernandez Ordoñez está metiéndose en un terreno que no le corresponde y lanzando opiniones no fundadas sobre materias que desconoce. Nada más lejos de la verdad.

Es el parlamento quien le pide su opinión especializada al Banco de España sobre un tema tan trascendente como el futuro a medio y largo plazo del sistema de pensiones públicas. Y es el gobernador del Banco de España el que, ante tal demanda, anticipa algunas lineas de un informe-respuesta que enviará al parlamento. Y lo que dice -se esté más o menos de acuerdo con ello- son opiniones bien fundadas sobre los problemas que aquejan al sistema y posibles líneas de mejora del mismo. Las decisiones, en todo caso y así lo reconoce el gobernador, son políticas y deben adoptarse en el marco que le es propio.





domingo, 12 de abril de 2009

A propósito de la Cumbre en Londres del G20

Leí detenidamente la declaración de los gobiernos de veinte países, con el nuestro creo que veintiuno, que se reunieron en Londres a principios de este mes. Hermosas palabras. Ojalá creyéramos en ellas y, por lo tanto, pudieran cumplirse. Porque están por los hombres, mujeres y niños de la tierra, para que puedan tener una vida digna o aspirar a tenerla quienes hoy sueñan con ella. Y lo dicen y suscriben los gobernantes de países ricos y, como ahora se dice, emergentes. Aquellos, acomodados; éstos, empujando y luchando en competencia feroz por su sitio en el mundo. Hermosas palabras, más allá de tecnicismos; como lo fueron y siguen siendo hoy las fundacionales de la ONU. Debemos creer en ellas para que puedan cumplirse. Para que no caigan en el terreno pantanoso e infecundo del escepticismo. Yo creo en ellas, porque son el camino que debemos seguir para hacer un mundo mejor. Esta Cumbre no ha sido, no debe haber sido, una reunión más de gobiernos con declaraciones vacías. Debe reformarse lo que no ha funcionado o lo que se ha hecho rematadamente mal. Pero eso no implica tirar por la borda todo. Estoy con los Wilson, con los Roosevelt, con los Obama, porque hay que apoyar los esfuerzos en pro de un funcionamiento mejor de las instituciones internacionales, necesarias e insustituibles hoy para el funcionamiento medianamente ordenado del mundo. Ya es un tópico, pero no por ello menos cierto: Una crisis global debe ser resuelta con soluciones globales. ¿Qué hubiese sido de Europa -es decir, de nosotros- abandonada a su suerte en el siglo pasado?.

viernes, 6 de marzo de 2009

rosas, restos de alas, sombra y luz

"Los dioses no tuvieron más sustancia que la que tengo yo". Yo tengo, como ellos, la sustancia de todo lo vivido y de todo lo porvivir. No soy presente sólo, sino fuga raudal de cabo a fin. Y lo que veo, a un lado y otro, en esta fuga (rosas, restos de alas, sombra y luz) es sólo mío, recuerdo y ansia míos, presentimiento, olvido. ¿Quién sabe más que yo, quién, qué hombre o que dios, puede, ha podido, podrá decirme a mí qué es mi vida y mi muerte, qué no es?...
Hace setenta años, nuestro admirado Juan Ramón Jiménez creó, allá en La Florida, al otro lado del Atlántico, expulsado de su tierra por un sangriento golpe de estado, Espacio, uno de los poemas más maravillosos que hoy la humanidad puede disfrutar. Una lectura reposada y un cariñoso recuerdo.

lunes, 16 de febrero de 2009

Hablar "fino"

La verdad es que no tengo las ideas claras sobre este asunto, pero siento la necesidad de decir algunas cosas.
En mi pueblo, de la persona que hablaba correctamente y con su acento el castellano se decía que hablaba "fino". Alguna vez, formando parte de un grupo numeroso de chiquillos, corrí detrás del forastero para oírle decir "Madrid" con la "d" sonora y bien pronunciada, o "muchas gracias, señora" con todas las "eses" y el tratamiento que a nosotros nos maravillaba. ¿Cómo era posible hablar así, con toda naturalidad, sin afectaciones?. Porque, algún paisano que salía del pueblo durante algún tiempo, volvía hablando "fino", pero de forma no natural, con algunas "meteduras de pata" garrafales. Allí estoy en un colegio extraordinario -contaba un pariente entrañable y querido que se fue a vivir a un pueblo castellano- que tiene hasta un campo para "jaser jimnasia". No hablábamos bien, porque no nos enseñaban a hablar bien; cuando leíamos, nos obligaban a pronunciar todas las letras, incluso a distinguir el sonido de la "b" y de la "v", pero nuestra forma de expresarnos, de hablar, era distinta y no nos la corregían. No obstante, admirábamos el correcto castellano.
Cuando tuve que vivir fuera de Andalucía debí esforzarme para hablar lo más correctamente posible el castellano sin perder el acento andaluz, mi acento, mi forma de expresarme y, por lo tanto, de ser. Y viví situaciones a veces desagradables, de malentendidos, de confusiones simplemente por la forma de hablar, por la mucha o poca "grasia" y "arte" que, por lo visto, debemos tener los andaluces.
El andaluz, -dice Ortega y Gasset en su Teoría de Andalucía- a diferencia del castellano y del vasco, se complace en darse como espectáculo a los extraños, hasta el punto de que en una ciudad tan importante como Sevilla, tiene el viajero la sospecha de que los vecinos han aceptado el papel de comparsas y colaboran en la representación de un magnífico ballet anunciado en los carteles con el título "Sevilla".
Me quedé anonadado la primera vez que leí semejantes consideraciones.
No me extraña en absoluto el revuelo que de vez en cuando levantan determinadas manifestaciones sobre la forma o el estilo de hablar o de ser de algún andaluz.
Por otro lado, entre mis paisanos, no es extraño confundir hablar bien el castellano o español con hablar "fino", aunque se diga "Madriz" o "la dije" o "abogao" y, lógicamente, quien habla "fino" sabe mucho de la materia que sea, aunque diga auténticas imbecilidades y tonterias.

domingo, 25 de enero de 2009

Saltar las tapias

En algún momento pararon las obras de un cuartel que quisieron construir en lo más alto del pueblo y quedaron las tapias como magnífico lugar de juegos para los niños.
La distribución en planta del edificio a medio hacer, dibujada sobre el terreno con tabiques de dos metros de altura de los de entonces, es decir, de más de medio metro de anchura y hechos a conciencia, era nuestro circuito de carreras.
Se trataba de correr en lo alto por todo el perímetro de tapias, saltando los huecos de puertas y ventanas como si compitiéramos en una carrera de obstáculos. El salto de la puerta grande era el más arriesgado y al que sólo unos pocos se atrevían. El patio interior era uno de nuestros campos de fútbol preferidos.
Años después se reanudaron las obras, se construyó el cuartel y aquel paraje dejó de ser sitio de juegos para niños.



Datos personales

Mi foto
Nací en Valverde del Camino (Huelva) en diciembre de 1948. A los 17 años me fuí a estudiar a Madrid, donde viví hasta los 30. Me trasladé a Huelva y luego, con un intermedio de algún tiempo en Granada, a Sevilla, donde vivo ahora. ¿Desconcertado? Por la desorientación y perplejidad que me producen situaciones que he conocido o vivido, por comprobar que casi siempre la realidad supera a la ficción."En los blogs se busca el relato en primera persona, que es en torno a lo que pivota el sistema informativo de Internet".Me gustó esta frase y la suscribo.